In memoriam: Elie Wiesel

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Murió, este sábado 2 de julio,  en su casa de Nueva York, a los 87 años de edad Elie Wiesel, premio nobel de la paz en 1986,  un sobreviviente de Auschwitz que se convirtió en un elocuente testigo de los 6 millones de judíos que fueron asesinados en la Segunda Guerra Mundial.

Su obra más conocida son sus memorias “La noche”.

El relato autobiográfico de los horrores que presenció en los campos de concentración cuando era apenas un niño de 15 años. Escribió sobre la culpa que sentía por haber sobrevivido mientras millones de personas murieron, y sobre el tormento que experimentó al dudar de la existencia de un Dios que hubiese permitido esa masacre.

“Lo recuerdo: sucedió ayer, o hace una eternidad. Un joven chico judío descubrió el Reino de la Noche. Recuerdo su desconcierto, recuerdo su angustia. Todo sucedió tan deprisa. El gueto. La deportación. El vagón de ganado sellado. El altar ardiente donde la historia del nuestra gente y el futuro de la humanidad habrían de ser sacrificados. Recuerdo que preguntó a su padre: ‘¿Puede ser esto verdad? Esto es el siglo XX, no la Edad Media. ¿Quién puede permitir que se cometan crímenes así? ¿Cómo puede el mundo permanecer en silencio? Y ahora ese chico me mira a mí. ‘Dime’, pregunta, ‘¿qué has hecho con mi futuro, qué has hecho con tu vida? Y yo le digo que lo he intentado. Que he intentado mantener la memoria viva, que he intentado luchar contra aquellos que olvidan. Porque si olvidamos, somos culpables, somos cómplices”.

“Nunca olvidaré ese humo. Nunca olvidaré las pequeñas caras de los niños, cuyos cuerpos vi convertirse en espirales de humo bajo un cielo azul en silencio. Nunca olvidaré esas llamas que consumieron mi fe para siempre. Nunca olvidaré el silencio nocturno que me privó, por toda la eternidad, del deseo de vivir. Nunca olvidaré esos momentos que asesinaron a mi Dios, a mi alma, y convirtieron mis sueños en polvo. Nunca olvidaré eso, incluso si estoy condenado a vivir tanto como Dios mismo. Nunca”.

El libro, escrito originalmente en yidish, tenía como titulo en las primeras ediciones “Y el mundo callaba”, el eterno fantasma que persiguió a Wiesel.

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Durante toda su vida trabajó por cumplir la promesa que se hizo al terminar la guerra de ayudar a los perseguidos en cualquier lugar del mundo.

“El deber del superviviente es dar testimonio de lo que ocurrió, (…) hay que advertir a la gente de que estas cosas pueden suceder, que el mal puede desencadenarse. El odio racial, la violencia y las idolatrías todavía proliferan.”

“Debemos recordar a los ancianos y ancianas que murmuraban antiguas oraciones, y a los niños; siempre debemos recordar a los niños, tristes y asustados, todos parte de una procesión nocturna que caminaba hacia las llamas y se elevaba hasta el cielo más alto. Entre esos niños había futuros científicos, físicos, eruditos, estadistas, escritores, poetas, filántropos. Alguno de ellos podría haber inventado una cura para el SIDA o redactado un texto de tal humanidad que enmudecería de vergüenza a todos los racistas. Al asesinarlos, los asesinos le robaron futuro a la familia de la humanidad.”

“¿Pero hay esperanza? ¿Hay esperanza en el recuerdo? Tiene que haberla. Sin esperanza, el recuerdo sería morboso y estéril. Sin recuerdo, la esperanza estaría vacía de significado, y por sobre todo, vacía de gratitud.”

“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”

Descanse en Paz, Elie Wiesel.

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Descarga:”Trilogía de la noche” libro epub pdf mobi fb2

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